Sinopsis:
En las vísperas de la Primera Guerra Mundial una niña es ocultada entre los barriles de madera de un barco que parte de Londres con destino a Australia. Una misteriosa mujer ha prometido cuidar de ella, pero desaparece sin dejar rastro y al llegar al puerto nadie la espera en Marybourough.
Comienza así una historia que va y viene en el tiempo, que atrapa al lector en un halo de misterio que sólo podrá ir desenmarañando con el devenir de los distintos personajes que en ella aparecen.
"El jardín olvidado" de Kate Morton está contada a tres voces -aunque en realidad son cuatro pero de esto nadie se ha dado cuenta, ahí lo dejo-, y en un espacio de tiempo que abarca casi cien años, que son los que transcurren desde el comienzo de la historia, esa niña perdida de cuatro años que mencioné al empezar y de cuyo orígenes no se tiene noticias, hasta el final de la misma en la que su nieta nos descubre el cuadro completo, lleno de matices y claroscuros que se van iluminando de a poco.
Pinceladas costumbristas junto a misterios familiares ocultados y lugares mágicos de ensueño son los escenarios que la autora utiliza para desarrollar una novela donde cada protagonista tiene su propia historia y cada una de ellas complementa y da sentido a las otras.
Mi comentario:
Primera novela que leo de esta autora y ha sido un placer conocerla. Me ha interesado el argumento, su narrativa -no tanto la traducción y los errores tipográficos-, y ha conseguido sorprenderme en determinados giros que el desenlace tiene.
Cada personaje que compone la narración tiene su peculiar forma de enfrentar la vida, según ésta la haya puesto en una u otra circunstancia, y todos tienen sus porqués. Quizá la más difícil de entender sea Nell, la niña abandonada, que cuando descubre, a los veintiún años, que es adoptada tira por la calle de enmedio y se va en busca de sus orígenes dejando plantados a sus padres adoptivos que no han hecho otra cosa que cuidarla y ocuparse de ella. Aunque quizá, quien haya leído la novela, piense que no están libres del todo y algo se les puede cuestionar, ahí lo dejo.
Los saltos en el tiempo ayudan a situar al lector, le va dando respiro a la vez que cada puntada atrapa y anima a seguir leyendo. Los diferentes ambientes también transportan a lugares y espacios antagónicos y sitúan la historia en cada contexto hasta que todo encaja de manera natural y razonable, cosa que es muy de agradecer en el mundo literario. Seguro que cada uno es capaz de imaginarse los lugares a los que hace referencia la autora, sobre todo las playas, acantilados y jardines que en él se describen y que también son protagonistas.
Por poner un pero, qué manía que tengo, el último capítulo me ha sobrado, me parece querer cerrar la novela como si de un cuenta de hadas se tratase que ni viene a cuento y le quita nivel. Ojo, que el último capítulo tiene página y media, no afecta para nada a la historia en sí, ni quita ni contradice nada de lo dicho, es un epílogo, un capricho de la autora que, a mí personalmente, me parece ñoño.
Así que, y en definitiva, lectura muy recomendable -uff cuántas ganas tenía de escribir esto-, de las que atrapa y con la que disfrutas; sus más de quinientas páginas se leen fácil y te hacen olvidar el tiempo.








